llegamos todavía de noche. Había bastante niebla. Tuvimos tiempo de tomar un café y echar unas risas cuando todavía la marabunta de corredores no había inundado los bares de Beniopa.
Recogiendo el dorsal vemos a Dolo y Álvaro, nuestros compañeros en la Carrera por Montaña de Chiva hace un mes. Siempre te alegras de encontrar amigos.
En el sobre que nos dieron estaba el número de dorsal con nuestro nombre y una bolsa para guardar la ropa que quisiésemos tener a mano después de la carrera.
Nos colocamos el dorsal y bajamos al barranco. Empiezan los nervios. Suena la música enérgicamente mientras estamos dando saltos, corriendo y calentando un poco. Ya no sé si bailo o qué estoy haciendo, pero noto que la adrenalina está empezando a gritar mi nombre. Un speaker nos va informando de las características de la carrera y nos pide a las mujeres colocarnos a la salida, ya que la nuestra será 5 min antes que la de los hombres.
Ahí vamos… 3, 2, 1, ¡ya!
A las 9.05 hr salieron los hombres y a las 9.10 hr los caminantes.
Hasta el km 6 se llanea, así que supongo que todos apretamos lo que pudimos hasta que empezaron las subiditas. A partir del primer avituallamiento, donde aparte de bebidas isotónicas y agua nos dieron ositos de gominola, frutos secos, plátano y naranja, empieza a ponerse seria la carrera.
La senda se estrecha. Me adelantó una importante cantidad de personas y tenía que arrimarme un poco a la derecha cada vez. Por cierto, gracias a todos aquellos que me animaban cuando me pasaron. A su vez, adelantar era un tanto incómodo porque tenías que pedir paso. En algún momento se hizo embudo y nos paramos. No me fue posible llevar mi propio ritmo, ya que tuvimos que ir adaptándonos constantemente al flujo de corredores. Hubo momentos en que corrí más rápido o más lento de lo que me apetecía.
Empezamos a subir y dejamos atrás la niebla para encontrarnos con un espectacular mar de nubes que sólo dejaba ver las crestas más altas de los montes circundantes. Brillaba el sol. El paisaje era precioso. Seguíamos subiendo, subiendo…

En el segundo avituallamiento tuve que sentarme. Me mareé. Cuando se me pasó un poco, seguí. Ya nadie adelantaba. Éramos como una procesión penitente. Todos subíamos en fila ordenada, ya con pocas prisas. Quedaban 2 km, pero ¡vaya 2 km!
Cerca de la meta encontré a Rosa. ¡Qué alegría vernos! Entramos prácticamente juntas. Allí estaba mi padre esperando para hacernos fotos en la meta. A mi no me quedó energía para sonreír esta vez. Chiqui había llegado media hora antes que nosotras.
Nos fuimos todos hasta la Font de la Drova, donde la fantástica gente de la organización nos dio la bolsa con nuestra ropa, un kit de supervivencia en montaña y ¡comida! Qué hambre. Me bebí hasta la cerveza que daban con el perrito.
Había servicio de autobuses hasta el punto de salida de la carrera y también pudimos ducharnos tranquilamente al terminar.

Aunque sufrimos un poco, lo pasamos genial. Nos ha enganchado el ambiente que se crea en este tipo de carreras. Los tres corrimos en Chiva por primera vez. Fue todo un descubrimiento el unir los deportes que más nos gustaban (correr y montaña) en uno.
     
       
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