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MaMoVa

17/abr/2011, comarca de la serranía de Valencia

Valencia ya tiene maratón de montaña y con esas tres palabras han creado el acrónimo Mamova que pretende ser un nombre familiar para los corredores de montaña a partir de ahora.

La Pobleta, Andilla, Osset y Artaj son las poblaciones por las que puntualmente pasa esta carrera en ciertos puntos de su recorrido.


             


un maratón nunca es fácil. Por mil motivos distintos, correr una distancia tan mítica como 42 km (y pico, sí) nunca es tarea sencilla. Y menos si su trazado discurre por un terreno agreste y montañoso como es la serranía de la provincia de Valencia. Los maratones hay que correrlos, subirlos, bajarlos, pisarlos, derraparlos y sobre todo... acabarlos. Por mucho que se diga que tal o cual carrera es apacible, o corredora (¿a qué hemos venido, si no?) no hay más que ver la cara de felicidad de los ganadores de esta primera edición de MAMOVA, acostumbrados todos ellos a ocupar un podio tras otro, para comprender que cada uno vive una experiencia particular llegado el día y la hora del evento y que a nadie se le regala nada.



Para esta competición, las inscripciones podían hacerse a título individual, por equipos y por parejas. Además, existía la posibilidad de que, ante un imprevisto de última hora que impidiera la participación, se podía recuperar el 80% del importe pagado (hasta una determinada fecha). Lo cual es estupendo ahora que hay tantísimas competiciones y tan bonitas todas que tendrán que comenzar a distinguirse a través de gestos como éste.



Cerca de 500 corredores cruzaron dos veces el arco dispuesto en La Pobleta para cronometrar su hazaña. A todos se premió su esfuerzo con una bonita medalla conmemorativa y a las chicas, además, con una rosa. (Roja). Los detalles ya se notaban desde el momento en que se entregaba la bolsa del corredor. Antes de empezar la carrera, ya se contaba con una camiseta técnica (todas las tallas disponibles), gorra y buff para quien quisiera hacer uso inmediato de estos obsequios. Entrega de dorsales cómoda y ordenada, facilidad de aparcamiento, duchas con agua caliente al final... Buena previsión en general de las necesidades de los deportistas y sus acompañantes.


Corredora luciendo la gorra y buff que daban los organizadores


Lástima que la previsión no haya sido tan buena en los puestos de avituallamiento donde, incluso quien llevaba un tiempo de carrera bastante digno, llegaba a todos los puestos sin encontrar más líquido que agua, pues la isotónica sólo había alcanzado para los muy primeros primerísimos. Un corredor que no llevara sus propios medios para recuperarse durante el recorrido, corría el riesgo de sufrir una baja concentración de sales que desencadenaría en molestias gastrointestinales, náuseas y diarreas. Casos que sin duda deberían ser excepcionales y aislados, se presentaron esta vez más veces de las deseables.


Sólo los primeros corredores pudieron abastecerse de isotónicas


El recorrido circular parte de La Pobleta y tiene su ecuador en Andilla. Lo que el corredor de montaña hace en 21 km por un bello paisaje, los animadores lo atajan en pocos minutos y esperan con gran jolgorio en el punto de control y avituallamiento más animado de todo el recorrido. Luego seguirían las poblaciones de Osset y Artaj, con peñas menos numerosas pero igualmente animadas. Después de Artaj (km 33), retorno a La Pobleta (con sorpresa entre medias) y fin de carrera.




Pueden distinguirse perfectamente dos tramos en el recorrido. Uno, que tras la primera subida tiene una larga bajada en pista que permite correr con apoyo total del pie. Así, muchos aprovechan este tramo para desquitarse y otros lo padecen porque durante mucho tiempo trabajan otros músculos que acaban resentidos. Pero como va en gustos, otros prefirarán la segunda mitad, definitivamente más técnica, estrecha, con más piedra. Más difícil, a decir de muchos, sin duda porque también las fuerzas van mermadas y porque hay dos cuestas finales puestas a propósito para buscarles las últimas cosquillas al que corre. La más graciosa es la del cortafuegos, que es casi mejor hacerla mano sobre muslo y evitar levantar la vista rezando para que no se haga eterna. Ya lo avisaba el exorcista del km 34, que desde su roca-atalaya nos advertía de la llegada del fin del mundo y nos daba consejos sobre cómo salir bien librados.



Desde la izquierda: Vicent Calvo (1º), Santi García (2º) e Iván Ortiz (3º)