a partir del 1 de enero de 2012 sólo se considerará como récord mundial aquella marca obtenida por una mujer en competiciones exclusivamente femeninas. Los tiempos obtenidos en carreras mixtas a lo más que podrán aspirar a ser considerados es como mejor marca personal.
La afectada más directa es la británica Paula Radcliffe (1973), que en el Maratón de Londres de 2003 nos dejó a todos sin palabras cuando registró un tiempo de 2:15:25 que hasta la fecha es considerado un récord muy difícil de batir.
De todas formas, la propia Radcliffe, prudentísima, no lo considera más que "un poco injusto" ("a little unfair"). Tal vez por evitar entrar en conflicto con la IAAF, o por estar más concentrada en obtener una buena marca en el Maratón de Berlín del 25 de septiembre que le dé el espaldarazo que necesita (sobre todo de confianza en sí misma tras una temporada de enfermedades y lesiones) y que el mundo espera de ella para los Juegos Olímpicos de Londres de 2012. O quizá porque es todavía la misma Paula Radcliffe quien ostenta el nuevo récord, ahora de 2:17:42 obtenido en 2005 también en Londres, pero en una competición donde sólo corrían féminas.

© Paula Radcliffe
Sin embargo, la ocasión es propicia para reflexionar algunos aspectos relacionados con esta noticia:
En un sentido general, ¿es acertado aplicar esta normativa con efecto retroactivo? ¿Cuán retroactivo? Seguramente la historia del atletismo está plagada de hechos y anécdotas que, si se revisaran con los ojos de hoy y con los criterios actuales, tendrían que reescribirse demasiadas páginas.
¿Cómo se cambia un dato así? Se editarán, suponemos, las miles de páginas publicadas, los registros oficiales, las páginas web que se hicieron eco del suceso. Cuadrillas de sabuesos bucearán en hemerotecas, confiscarán los titulares de ese día para que ningún lector del presente o del futuro vaya por la vida con las ideas equivocadas. Google tendrá que desarrollar un algoritmo que elimine de sus resultados la grave incorrección… ¿Se cambiarán también las calificaciones de los escolares que en un examen contestaron que X personaje era el más rápido en Y modalidad del atletismo? ¿Y qué hacemos con la ilusión de todo un país, de miles de atletas que soñaron con un ídolo en una época determinada? Y hoy, ¿qué hacemos nosotros? ¿Ponemos freno al entusiasmo que despierta Usain Bolt, no sea que mañana apliquen un criterio que le quite la corona de rey indiscutible que tiene?

No es que estemos en contra de que se corrijan los errores, pero hasta el momento la IAAF se ha guardado bien de argumentar razones que hicieran pensar en una conducta antideportiva por parte de Paula Radcliffe. Su reputación es intachable hasta el momento. Otras veces, en casos demostrados de dopaje, se han alterado registros y no podríamos estar más de acuerdo. Pero en alguna parte debería quedar constancia de que, durante un tiempo, se consideraba récord mundial femenino el de una súper-atalanta que competía en carreras mixtas. Otros hechos, tristemente, no se pueden alterar. Como que hubo un tiempo (no demasiado lejano) en que a las mujeres no se les permitía participar en competiciones oficiales, o como que actualmente en algunos países retrógrados la religión oficial del Estado obstaculiza hasta lo indecible la participación de mujeres deportistas, o que a veces una sociedad morbosa puede hacer mucho daño cuando toca revisar el criterio para determinar cuánto de hombre y cuánto de mujer contiene un atleta en sus hormonas. ¡Eso, eso sí que nos gustaría que cambiara!
Uno de los argumentos para cambiar la norma, es que se considera que el que una mujer utilice liebres (masculinos) en su carrera, altera el resultado final. Efectivamente, en este vídeo que le granjeó a Paula su mejor tiempo, podemos ver cómo corre acompañada de otro atleta que le servía de liebre y que, cumplida su misión, discretamente se queda detrás segundos antes de que la campeona cruce el arco de meta.
Definitivamente, Paula se valió en la competición de varias liebres. Generalmente, la cosa funciona así: varios liebres (atletas excepcionales, por otra parte) se relevan para acompañar a la estrella durante 10-15 km y marcarle los ritmos que debe mantener para conseguir su objetivo final. Pero, por obvio que sea decirlo, no corren en lugar de nadie. También se emplean liebres en los entrenamientos, entre las muchas técnicas que emplean los corredores para progresar. La cuestión diferenciadora es que, no todas van acompañadas.
¿Cuál es el problema con las liebres de Radcliffe? ¿Que son hombres o que, simplemente, son? Porque si es lo primero, ¿se entiende entonces que liebres femeninas sí estarían mejor consideradas y no se invalidarían las marcas así obtenidas? Y si el problema fuera usar liebres, cualquiera que fuera su sexo, todo el mundo sabe que muchas estrellas masculinas también se valen de ellas. Y ahí están sus marcas, intocadas… ¿intocables?
El problema con las liebres de Radcliffe es que son hombres. Si Rafcliffe es la número uno, otra mujer difícilmente podría servirle de liebre en circunstancias de competición. Un hombre, más rápido que ella, sí. Cualquiera de nosotras sabe que no se corre igual sola que acompañada con alguien más veloz, que nos ayuda a sacar lo mejor de nosotras físicamente y cuya compañía, además, puede hacer más llevadero el esfuerzo prolongado en competiciones donde la psique influye tanto.
Una solución que piden algunos es que se establezcan dos tipos de récord mundial. Uno para carreras mixtas y otro para competiciones diferenciadas por sexo. Quienes lo proponen, son asociaciones internacionales de cierto peso, con lo que seguramente esta propuesta sea sometida a discusión. Lo sabremos con el tiempo.
Por otro lado, ¿cómo afecta todo esto a los organizadores de las carreras más prestigiosas del mundo? Aquellas que son el escaparate favorito de glorias consagradas y la mejor pasarela para las estrellas incipientes que quieren escribir su nombre en letras de oro. Por no hablar de los miles de aficionados y corredores populares que se dan cita en estos eventos llegando desde los más diversos rincones del planeta. Estas carreras suelen ser siempre mixtas…
Podría ocurrir que, así las cosas, muchas deportistas de élite que crean verse con posibilidades de hacer tiempos magníficos, eviten despilfarrar esfuerzos en una carrera que no les va a ser reconocida. Así pierde el deporte, o sea, todas nosotras. A menos que los organizadores planifiquen dos carreras paralelas, diferenciadas por sexo, lo cual, no es difícil de imaginar, encarece y complica todo. Todo organizador desea que su evento sea reconocido como un evento intachable, que tenga prestigio por la calidad de su podio y que los participantes sean numerosos y acaben con ganas de repetir. Todo ello sin pérdidas económicas, claro está.

© Rodo V.
Más que llevar liebres o no, hace más por los resultados el escenario donde se corra. ¿Son comparables el trazado urbano de Boston con el de Madrid? ¿Londres, París, Amsterdam, Berlín…? La distancia será la misma, pero eso no las iguala, ni mucho menos. Si se parte con una mala regla de medir…
Y aunque este artículo ya tiene bastantes interrogantes, lamentablemente queda una última. ¿No será que la IAAF no lo dice todo, que disimula sospechas de, lo que sea, sustancias no permitidas, por poner un ejemplo, en unos años en que los controles no eran tan estrictos o no había técnicas tan refinadas para determinarlas? Esto daría a la razón a los muchos incrédulos que consideraron altamente improbable el tiempo récord de Radcliffe. Que quede claro que hasta el momento, la IAAF no ha dejado traslucir nada inculpatorio al respecto, pero también es cierto que Paula Radcliffe es el icono del atletismo inglés, país que será sede de las próximas Olimpíadas.